Título: El taller de los niños interiores
Autor: David Martínez Álvarez, Rayden
Páginas: 424
Publicación: 3 de abril de 2025

Tirso Mellado es un escritor de éxito, un «rockstar de las letras», que durante cuatro años se mantiene en un misterioso silencio. Seila trabaja en una editorial y reverencia las novelas de Tirso. Se conocen y mantienen un intenso encuentro sexual que acaba abrupta-mente, cuando él descubre que ella ha entrado, sin permiso, en la habitación vacía de su hijo. Tras ese incidente, la casualidad hace que tengan que trabajar juntos: Seila será la encargada de editar el libro infantil que Tirso desea publicar tras su prolongado silencio.

Mérida trabajaba en el museo Sorolla hasta que su amiga Ingrid la visita para anunciarle que dejarán de ser compañeras de piso, y todo se revoluciona. Coral es una periodista de cierto renombre que decide poner fin a su adicción a las benzodiacepinas. Su mejor amiga. Sáhara, va a ser madre y Coral aspira a que el bebé que está en camino se sienta orgulloso de ella. Guzmán Barona trabaja en una consultoría. Es un buen chico que soporta sin rechistar las vejaciones de su jefe, de sus compañeros, de su novia y de sus padres. Por último, Ovidio Prieto es el director general de una productora especializada en videoclips. Gay declarado, aunque sufrió lo suyo frente a su familia, mantiene una tórrida relación sexual (clandestina) con el gestor de su empresa.

Por distintas circunstancias, los seis terminan inscritos en el taller de una psicóloga muy peculiar. Guadalupe Camino, «una terapeuta gestáltica sin pauta ni para vestir».

Guada, como la conocen sus pacientes, los invita a explorar su interior para rescatar a sus niños interiores. Según explica, «el niño interior es una metáfora que utilizamos para referirnos a los componentes del plano inconsciente de nuestra personalidad que se crearon en la infancia. Aglutina tanto las huellas negativas como las positivas, teniendo de esta forma dos rostros: el niño de las sombras y el niño de la luz». Entre sus métodos, propone «un retiro de conciencia expansiva con MDMA, con una dosis ajustada para su uso terapéutico».

Como si fuera una maga capaz de liberar conejos escondidos en su chistera, Guada logra que cada una de las personas apuntadas a su Taller de los Ninos Interiores descubra no solo quién fue, sino por qué es lo que hoy es y cómo, desde la consciencia, podría superar la inercia con la que ha vivido hasta ahora.

David Martínez Alvarez describe personajes y circunstancias tan cotidianas que el lector recorrerá con los protagonistas de esta novela un camino de autoconocimiento.

Aunque el presente se tambalee y las heridas del pasado estén escondidas, persiste en todos ellos el instinto de supervivencia, la necesidad de redención y la curiosidad ante lo que les deparará el futuro.

LA OBRA

El comienzo de El taller de los niños interiores podria ser tratado como cinco cuentos urbanos, con Madrid de protagonista y la música de telonera. A partir de «La profesora

Error y el alumno Duda». asistimos a las intrahistorias de seis personajes principales

-muy bien sostenidos por un nutrido grupo de personajes secundarios—, pero tambien, y principalmente, reunidos por el tipo de dolor (¿de trauma?) que arrastran y que les impide vivir con plenitud el presente.

A lo largo de 42 capítulos y un epílogo -donde, por fortuna, se nos aclara que no todo resulta color de rosa-, Rayden dosifica hábilmente la información sobre cada uno de los personajes y crea esta novela caleidoscópica de largo aliento.

Los protagonistas establecen, alrededor del personaje de la psicóloga, Guadalupe Cami-no, un tejido social que los hace más fuertes. Bajo un mismo título («La semana hábil del abismo de los leones»), los capítulos del 35 al 39 describen cómo ha transcurrido la semana previa a la sesión con MDMA («el MDMA es la única medicina que no te empuja, te mece. Si no queréis entrar, no vais a entrar»). Tras todos los preparativos y la exposición de los propósitos para iniciar esta polémica terapia, el capítulo 42 se centra en el «viaje» de Tirso, Seila, Ovidio, Guzmán, Coral y Mérida.

Un dato estructural para tener en cuenta: la primera frase de la novela coincide con la final del último capítulo: «A la vida se viene a suceder»; pero, si al principio Seila se la dice a Tirso, ahora es Tirso quien se la susurra a Seila. Han cambiado. De hecho, esta experiencia a lo Aldous Huxley los ha transformado a todos.

Con su prosa -desenfadada y con una sintaxis muy peculiar- David Martínez Álvarez, Rayden, nos traslada a su mundo interior: apasionado, curioso y en el que cabe desde cierto cinismo canalla hasta la sensibilidad más extrema.

LOS PERSONAJES

1. Personajes principales

Tirso Mellado: enfant terrible de las letras. Autor de obras tan aplaudidas como Gusano de oído o Las horas alegales. Después de años fuera de la escena literaria, reaparece en su vieja editorial con la idea de publicar un libro infantil, Relatos verticales de la familia horizontal. Detrás de su largo silencio y de su actual pretensión, se esconde un secreto que ha logrado ocultar a los ojos del mundo: su hijo Tristán, de cuatro años, murió ahogado en la piscina. Y él sobrevive con un dolor, una angustia vital y un sentimiento de culpa que le hacen planear minuciosamente su suicidio. Se halla en estas circunstancias cuando Seila, con quien mantuvo una noche de pasión, se convierte por una serendipia en su editora y lo obliga a tener un par de sesiones con su psicóloga, Guadalupe Camino

Seila: estudió Filología Hispánica, trabaja en una editorial y ni siquiera sabe si le gusta su oficio. Toda su vida ha sido una admiradora de la escritura de Tirso Mellado y, cuando lo conoce, saltan chispas y se da entre ellos una gran química sexual. Es la única que ya había realizado con la psicóloga el Taller de los Niños Interiores, y la única que no logra sacar a flote a su niña interior.

Mérida: natural de Badajoz, se mudó a Madrid y desempeñó el trabajo de guía en el museo Sorolla. Después, por un altercado con su amiga Ingrid y unas activistas, que protestaban contra el calentamiento global, es despedida del museo. Encuentra trabajo en la empresa Tu Tuk Tuk Tours, donde lleva una bicicleta con rickshaw para turistas. En uno de sus primeros días, atropella a Guzmán, quien se convertirá en su compañero de terapia…

y en algo más. De su pasado prefiere no hablar. Nunca ha logrado perdonar que su madre engañara a su padre, un fanático de las aves. Cuando su madre pidió perdón a su padre y regresó a casa, ya nada fue igual. Mérida ha vivido juzgando a su madre y, muy en el fondo, entendiéndola. Poco antes de la sesión final, descubre que su padre y su madre llevan separados años y que cada uno tiene su respectiva pareja. Si no se lo dijeron fue para sobreprotegerla.

Coral: periodista insatisfecha con el curso de su vida profesional y personal. Se hace adicta a las benzodiacepinas. De niña soñó con ser una periodista comprometida, defensora de causas justas, y se ve formando parte de un programa televisivo matutino, donde no encuentra el reconocimiento que siempre quiso. Siente que no encaja. Está muy apegada a su amiga Sáhara —por cierto, personaje que ya salió en la primera novela de David Martínez Álvarez-, que ahora va a ser madre. Sáhara siempre aplaude los logros de su amiga, y Coral desea que el bebé que va a nacer también sienta orgullo por ella, un orgullo que ella no ha conseguido despertar en sus padres.

Guzmán: una buena persona, un santo Job, que soporta humillaciones a diestro y siniestro y se mantiene en silencio. Poco a poco se van revelando los motivos de su patológica timidez, que puede ser vista como debilidad. Su hermano mayor, un muchacho muy problemático, llegó a abusar sexualmente de él, pidiéndole cuando era un niño que lo masturbase. Con los años, le quedó el trauma de que solo podía relacionarse si complacía a los demás. Cuando se lo cuenta a sus padres, estos quitan importancia al hecho diciéndole que no es para tanto. Por fortuna, la terapia le sirve para despertar al hombre adulto que lleva dentro y poner un alto a las situaciones de abuso que ha estado viviendo tanto en su casa como en su lugar de trabajo. Bate en mano, exige respeto ante sus acosadores, aquellos que se han burlado de él durante años llamándole GusiGuz

Mérida se convierte en una compañera que lo mira como él desea ser mirado

Ovidio: hombre profundamente creativo y con sueños que creó, junto con su amiga Bár-bara, su propia productora. Su homosexualidad nunca fue aceptada por sus padres, y él siempre ha vivido con esa tristeza dentro. Atrevido y osado, la vida le ha ido haciendo más conformista y cobarde. Ante esto último se rebela, pero tiene que aprender que para construir es necesario trabajar en equipo. Mantiene una relación clandestina con el gestor de la empresa, quien solo lo tiene como un cuerpo para satisfacer sus instintos sexuales, sin el más mínimo deseo de crear otro tipo de vínculo.

Guada: la terapeuta, a quien conocemos mas por sus palabras y mensajes que por si

misma. El narrador nos la describe como «una terapeuta humanista […] vigilada constantemente por el colegio de psicólogos por sus prácticas atípicas. Bueno, más bien por las llamadas de compañeras y compañeros de profesión escandalizados. Pero el decano fue profesor de Guada, fue su pupila y cree que su labor trae aire fresco y le quita el tono sepia al oficio».

2. Personajes secundarios importantes para la trama

Ingrid: la compañera de piso de Mérida y quien la deja en la estacada cuando elige irse a vivir con su novio, un gurú con el que apenas lleva siete meses de relación. Si Ingrid tiene la tendencia de mimetizarse con todas sus parejas —ahora está obsesionada con temas como las energías y la alimentación sana—, Mérida, según le recrimina su amiga, vive juzgando y haciéndose la víctima.

Sáhara: amiga de Coral, libérrima, de carácter pero amiga fiel hasta las últimas consecuen-cias. Aparece ya en la primera novela de Rayden. Sáhara, aunque tiene nombre de desierto, ama las flores y trabaja en una floristería. Más bien trabajaba, porque en El taller de los niños interiores, embarazada de ocho meses, sabemos que ha perdido su trabajo.

Bárbara: amiga y socia de Ovidio Prieto. En una ocasión acudió a un profesional de salud mental, pero dejó la terapia muy pronto: «Rafa, no voy a volver a la consulta, porque ya lo he entendido todo. Mi orgasmo va primero. Todo lo demás, después».

Hiba: vecina de Tirso. Una niña de seis años con síndrome de Asperger, amiga de Tristán y la única con la que Tirso puede hablar de su hijo.

Bosco Silva: el managing director de Guzmán. Paradigma del villano junto a Damián, otro de los compañeros de Guzmán. Forman parte, por llamarlo así, del lado oscuro. Habría que añadir en este grupo a la exnovia de Guzmán, Desirée, la «reina de la toxicidad».

Byron: el gestor y amante de Ovidio Prieto. Mantienen encuentros sexuales los miércoles y algunos viernes. Byron lo engaña los jueves y, muy probablemente, el resto de sus días.

Diamantino y Esme: los padres de Mérida y quienes han representado toda la vida una pantomima de matrimonio unido para no traumar a su hija. Finalmente, el trauma de Mérida consiste en haber vivido dentro de una gran mentira.

Chic Chechenia: la artista de moda. Una diva que llena estadios con sus conciertos y que desea grabar su último videoclip en la productora de Ovidio, a pesar de los tejemanejes de su mánager, Mabel Velázquez. A través de estos dos personajes, Rayden describe con ironía, y algo de ternura, el frívolo y cruel mundo del artisteo.

TEMÁTICA DE EL TALLER DE LOS NIÑOS INTERIORES

1. La búsqueda del niño interior

A lo largo de las más de cuatrocientas páginas de su novela, David Martínez Álvarez reivindica la importancia de conocer al niño interior que todos mantenemos amordazado. Ese niño, a su vez, está escindido en el niño de las sombras («la parte más sombría y dañada de nuestro ser») y en el de las luces («la parte feliz, la satisfecha, contenta y alegre»).

La combinación de ambos configura al adulto que somos

2. La verdad de las mentiras

En su terapia, Guada solo pide a sus pacientes que se dejen «las mentiras para otro día». Y, sin embargo, la vida de todos sus pacientes ha encontrado cierto equilibrio gracias al entramado de mentiras del que se han rodeado en su vida adulta. Tirso prefiere dar la espalda a la verdad y mantener el cuarto de su hijo Tristán intacto, tal y como estaba el día que se ahogó. La presencia de los objetos le hace más llevadera la verdad: su ausencia Y así les ocurre a todos los personajes. Ovidio y Byron viven su amor en la clandestini-dad; y Ovidio prefiere ocultar a su socia los problemas financieros reales de la productora;

Coral acepta ir a su antiguo colegio para hablar de las maravillas de su trabajo, de su «triunfo», cuando la sombra del fracaso no se aparta de su lado. Los personajes sufren el síndrome del impostor, el miedo a no dar el ancho, la impotencia al no cumplir con las expectativas del otro. Las verdades ocultas se enquistan hasta que parecen más falsas que las mentiras.

3. El valor de la amistad

Curiosamente, lo que sostiene a muchos de los personajes de esta novela, cuando sus familias no dan la respuesta que ellos ansían, son los amigos. Mérida se rebela a una vida sin Ingrid; como Coral, que se despierta de su camino de autodestrucción ante el inminente nacimiento del bebé de su amiga Sáhara. Y cuando Ovidio cree que todo se ha caído a su alrededor, su amiga Bárbara está ahí para recoger sus pedazos, recomponerlo y llevárselo a un crucero por el Mediterráneo. «La amistad es una apología de la intermi-tencia. Un amor a distancia incondicional. Cariño uróboro».

4. El mundo de las apariencias

David Martínez Álvarez, un autor muy polifacético, conoce al dedillo cómo se mueve la industria musical, pero también los mundos del periodismo de espectáculos y el edi-torial. Las historias en torno a Ovidio y a Coral, especialmente, le sirven para reflejar, en un tono no exento de ironía, algunas peculiaridades de estos mundos. Hace parodia de los rimbombantes discursos en los premios literarios, o de las frases eslogan de las fajas de los libros; pero también desmonta las mentiras de los mánagers de los artistas, o hunde en cierto sentido a los programas matinales de las televisoras. «A los programas matinales hay que encontrarles su belleza, que la tienen. Es una belleza destronada. Un bestiario de bótox, injerto capilar y blefaroplastia. Un magnetismo valleinclanesco con teleprompter. Un cóctel de caras jóvenes que prueban su valía para hacerse un hueco en la cadena (si antes la competencia no les hace una suculenta oferta), y el tipo de caras conocidas que espera ver una señora que deja la tele puesta a estas horas, «porque la tele le hace compañía». Caras conocidas irreconocibles por los estragos de los retoques».

5. El miedo al fracaso

Una sensación de Coral podría definir el sentir de todos los personajes. Cuando un día te observas a ti mismo desempeñando tu trabajo y no puedes evitar pensar: «Paloquehe-mosquedao».

En el fondo, esta novela invita a sus lectores a no quedarse con el sabor amargo del fracaso y la frustración ante los vaivenes de la vida. Es una invitación a desempolvar los miedos.

DAVID MARTÍNEZ ÁLVAREZ, RAYDEN, es un escritor, cantante y productor musical nacido en Alcalá de Henares (1985). A los treinta y siete años aprendió a guiñar solo un ojo.

Aunque, antes de este hito, había sido campeón mundial de una competición de impro-visación, había sacado seis discos (dos de ellos n.° 1 de los más vendidos) y era padre de un hijo con inteligencia emocional. En su faceta como escritor es autor de libros como

Herido diario (2015), TErminAMOs y otros poemas sin terminar (2016), El mundo es un gato jugando con Australia (2019), Cantinela: 100 canciones y 99 finales alternativos (2021) y Amoratado (2022). El acercamiento de la mujer cactus y el hombre globo fue su debut en ficción. Tras su segunda novela, Votos en contra, vuelve ahora con El taller de los niños interiores, una novela reparadora inspirada en su mítico tema «A mi yo de ayer».